parece una adicción enfermiza, son momentos en los que en lo único en lo que quiero dedicar mi tiempo es en escribir y pasar a escrito un pequeño porcentaje de todos los movimientos que se llevan a cabo dentro de mi mente. ahí veo que es tanta la información que recibo de allí, que al leer algo terminado no se asemeja ni un poquito a lo que intento transmitir. al fin y al cabo el único fin es utilizarlo para descarga propia. no es exactamente lo que me había propuesto para estas altas horas de la noche, pero luego de un día fatal, es bueno tomar una cucharada de mi propia medicina. en este momento no tengo una sensación temporal de todo lo que me ha pasado, pero el tic tac del reloj de pared me suena demasiado extraño. va más rápido de lo común, y las agujas se deslizan en lado contrario. vuelve todo atrás y no hay botón alguno que pueda frenarlo. 1 de la mañana, 10 de la noche, 3 de la tarde. días, meses, años. quien sabe cuantos. la cuenta esta perdida, pero aún lo recuerdo. abro los ojos y bajo a la tierra, comprendo que el tiempo es hoy y entonces intento concentrarme. ahora, en vez de retroceder las agujas del reloj, se detiene por completo. me quedo inmóvil, pensando en un porqué y la respuesta se me aparece como por arte de magia. es mejor quedarse en el limbo entre la nada y el infinito que avanzar a pasos agigantados. cualquier cosa menos mirar una gran desilusión del pasado que nos cala el alma con angustias y pesadillas. entonces, una vez aceptado eso, veo como lentamente comienza a funcionar de manera correcta. arranca nuevamente, y aunque parezca más lento que nunca, es la manera en la que debo situar mis nuevas perspectivas. el tiempo pasa lento, sutil, y ahora lo ultimo que deseo es pensar. simplemente quiero pasar el tiempo sin prisas ni obligaciones. el cuerpo me pesa y el cansancio se transmite a través de mi postura y mi rendición. me doy cuenta que estoy agotada. he intentado correr lo que antes no fui capaz de andar.
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